Sin darte cuenta, entraste en tu vida de felicidad. Sin un pasaporte, cruzaste la frontera de tu nueva vida. Caminabas y mirabas a tu alrededor, recordando cuando podrías enfocarte en los árboles, los pájaros, y las personas que no conocías pero formaban tu vecino. Caminabas y caminabas y sentías toda la tristeza que tenías encima de tu corazón. Con tu barbilla al cielo, observabas las nubes y el cielo azul y el cielo gris y todos los tonos entre ellos.
Mientras caminando, estabas pensando. Lo que no te das cuenta es que no eran solo pensamientos sino el procesamiento de lo que te había pasado. Paso después de paso, cruzaste la frontera. Era una frontera invisible primero, luego física.
Algo te llamó la atención y te volteaste la cabeza. No podías entender la conmoción, y al fin seguiste tu trayecto. Pero esta vez cuando miraste hacía adelante en tu camino, algo sintió diferente. No podías distinguir la diferencia…pero algo.
Sintió como si te despertaras una mañana y la tristeza que estabas sintiendo durante meses se fue. Como si hubiera un vacío, pero todo se veía igual. Se veía igual pero no te dabas cuenta que durante la conmoción, un ángel vino y te robó la pesadez. Solo sabías que te sentías más ligera. Pero bueno, no podías reconocer el momento exactamente y paraste de pensar en eso y seguiste adelante.
A partir de ese punto, estabas observando todo en tu camino. Los árboles parecían más verdes que recordabas. Sin intentarlo, creció una sonrisa en tu cara. De la nada la tonada que querías olvidar apareció en tu mente y la zumbabas mientras caminabas. Finalmente viste algo: la canción triste se convirtió en la canción bonita. En cambio de las lágrimas cayendo de tu cara, tus ojos se iluminaron y tu voz cantó la canción con fuerza.
No te diste cuenta pero el mundo en el que te encontrabas se volvió lo que siempre querías. Como si cambiara ante tus ojos. Y por fin ves…se pasó mientras la conmoción tuvo tu atención.
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